Desde que tengo uso de razón la música ha acompañado
prácticamente cada momento de mi vida y esto fue resultado sin duda, por un
lado, de una característica genética, pero por el otro, del omnipresente y
constante hábito de mi padre de coleccionar y reproducir en casa música de todo
tipo, desde los sonidos tradicionales de la costa jarocha, hasta las
composiciones sinfónicas y concertantes de los grandes maestros de la llamada
música culta.
En aquel entonces era de uso común escuchar a los “pregoneros”,
quienes pasaban por las calles haciendo público y notorio sus productos, los
cuales eran principalmente comestibles, pero especialmente en el sureste del
país lo hacían en un estilo de danzón, lo cual animó a mi abuelo Juan de Dios a
realizar, estando ya en la Ciudad de México, temas musicales en ese género,
adecuando a estos las letras de los productos comerciales (el famoso copy de hoy en día, pero expresado en
canción) tales como jabones, colorantes, chicles y cigarrillos, entre otros, con
lo que se inicia la era del “jingle”, el cual crece gracias a la enorme
popularidad que gana la Radio en México, y es que durante los años veinte
prácticamente todos los productos del hogar tenían relación con el baile (incluso
las ilustraciones de impresos, tales como Revista de Revistas).
Todo lo anterior, valga para tocar un tema que siempre me ha
causado gran asombro, por no decir molestia: el uso de temas musicales extranjeros
en los spots o comerciales de productos mexicanos y para mexicanos.
Es bien sabido que realizar un jingle puede tener costos
desde 10 mil pesos y hasta 100 mil o más en algunos casos, dependiendo de la producción
y su creador. Por ello en muchos de los casos las agencias optan por el uso de
temas ya existentes y cuyo contenido nos dice o sugiere las características y
bondades del producto, apoyándolo de manera especial, porque la asociación de
imagen y audio es esencial en la recordación de un producto. Entonces, al
utilizar un tema ya grabado, se paga una tarifa por derecho fonográfico o uso
del master, que además de resultar más económico, la agencia se evita tiempo y
disgustos en coordinación y producción del tema.
Actualmente existe una campaña en TV de Aeroméxico que ya de
por sí obtuvo el rechazo generalizado en Redes Sociales, según describe el
periódico El Universal en su sección Sociedad del sábado 17 de agosto de 2013,
donde menciona: “El lunes se filtró en
redes sociales sobre un casting racista por parte de Aeroméxico para uno de sus
anuncios promocionales, sin embargo, la agencia que contrató la aerolínea
(Catatonia), negó ser responsable de la solicitud y culpa a otra empresa (Free
Last Casting)”. En dicho artículo se menciona que los organizadores del
casting buscaban a gente con “un look polanco”.
Pues en la producción musical del promo también se es
racista. Elegir el tema “Happy Together”, del grupo norteamericano de los 60’s
y 70’s “The Turtles” –el cual no niego que me encanta y que es uno de los más
fieles representantes del pop estadounidense-, significa no sólo utilizar uno
de los temas con mayor presencia en películas (lo cual puede ser
contraproducente, ya que las ideas de asociación pueden desviar el mensaje de
Aeroméxico), sino también de una cultura que no nos pertenece. ¿Aeroméxico sí
nos pertenece?
Te aseguro a ti que estás leyendo, que no te alcanzarían los
dedos de la mano para reunir otras opciones de tema de fondo para este
comercial, pero en español, en mexicano, vamos.
La cultura del pop
rock norteamericano es un cliché. Y más aún en México y para mexicanos.
Qué poco originales… y racistas.

